Trato de asomarme por la ventana y en cuanto respiro se borra toda vista. Estoy en mi isla personal e imaginaria. Pero estoy sola. En eso dibujo una cara sonriente en la ventana, me acompaña en este día de invierno; extrañamente, unos trazos ajenos corrompen mi pequeñísimo trozo de tranquilidad y yo, impávida dejo hacer a ese que supo consolarme tiempo atrás pero que aprovechándose de mi sopor estropea lo que había hecho. Y mirándome, se acerca y cierra la ventana, cerrando mis ojos.
Me despierto. Dos ojos me miran y una sonrisa congelada se dibuja en esa cara de vidrio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario