Ella no sabía que lo sabía.
Sus caminos se encontraron
luego de muchos años.
Los juegos en la plaza habían quedado atrás.
Las películas los domingos,
Pedro Pablo y Magdalena también.
Solo quedó un auto color cielo.
Escondida en la butaca
escuchó a él despotricar.
Consiguió que lo expulsaran.
Otra historia para contar.
Teatro, campañas, la universidad,
la vida ellos veían pasar.
La chica del trombón nunca fue de allí.
Él la ató a su tierra, le dio un hogar.
De lejos, colgada del trombón venía,
pero ya de nada se acordaría.
Se creó un nombre, una historia.
York New y Alia Emar serían.
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