sábado, 9 de julio de 2011

Rencorosa

Me corroe.
Me corroe por dentro y no puedo evitarlo.
Como un ácido en las venas me corroe.
Me corroe y me quema.

Trato de estar calmada.
Trato de no pensar.
No me hace ningún bien,
pero no me puedo dejar estar.

Inútilmente, sigo levantando barreras.
Trato de que no me lastime.
Una opinión de alguien así
no debería importarme.

Y es que no busco aprobación,
pero la agresión igual molesta.
Cuando el vaso se colma de sandeces
igual explota.

Sigo guardando cosas,
sigo juntando lágrimas.
Sigo esperando el momento.
Sigo buscando revancha.

La chica del Trombón

Él lo sabía todo.
Ella no sabía que lo sabía.
Sus caminos se encontraron
luego de muchos años.

Los juegos en la plaza habían quedado atrás.
Las películas los domingos,
Pedro Pablo y Magdalena también.
Solo quedó un auto color cielo.

Escondida en la butaca
escuchó a él despotricar.
Consiguió que lo expulsaran.
Otra historia para contar.

Teatro, campañas, la universidad,
la vida ellos veían pasar.
La chica del trombón nunca fue de allí.
Él la ató a su tierra, le dio un hogar.

De lejos, colgada del trombón venía,
pero ya de nada se acordaría.
Se creó un nombre, una historia.
York New y Alia Emar serían.