se refugia en una vida de fiesta
sin preocuparse ni pensar
en lo que le atañe realizar.
Huyendo del que la ideó,
no advierte tampoco
a quien grita desesperado
desde el suelo a su balcón.
Inconciliables diferencias
se imponen entre ella y él.
Sus familias se odian a muerte
y Juliette tiene que escoger.
Persiguiéndola con la pluma,
William no ceja en su intento.
Solo quiere someterla a su voluntad
y continuar con este enredo.
Mas el puro libertinaje
se apresta a cobrar su precio,
y mientras la ignorancia es cómplice
Juliette descansa en su lecho.